5 Leyes que deben agendarse en los distintos poderes para contribuir a la eficacia del sistema penal.

(publicado en el mundo del abogado, número de octubre de 2018)

 

 

Existe todo un catálogo de leyes en materia penal que requieren revisión urgente, para armonizarlas con el sistema de justicia penal. Por lo pronto, a guisa de ejemplo, proponemos la siguiente lista:

 

Código Penal Nacional

Una de las grandes apuestas de la academia desde hace varias generaciones consiste en tener un solo código penal que homologue las mismas conductas y armonice las sanciones correspondientes, con el fin de cerrar espacios para la impunidad o aplicar de manera desigual una sanción distinta a una conducta similar.

 

Ley General de Víctimas

Cuenta con articulado duplicado; la regulación del acceso al fondo está muy limitado de modo tal que es casi inoperante; no hay asesoría jurídica homologada en todos los estados; y la institución creada para hacer efectiva dicha ley no está armonizada, por lo que solo se ha incrementado la burocracia en un tema muy sensible. A la par de la revisión legislativa deberá hacerse un profundo análisis sobre los órganos del Estado que deben aplicar la ley, pues resulta evidente el fracaso institucional de la Comisión creada para tal efecto.

 

La Ley para prevenir y sancionar los delitos en materia de secuestro

Ha aumentado desproporcionadamente sus penas, lo que no es sinónimo de eficacia jurídica. Solo prevé el concurso real de delitos, motivo por el cual hay un grave defecto técnico cuando se actualiza el concurso ideal

 

Ley de desaparición forzada

Debe hacerse una revisión de los tipos penales previstos en esta ley para que no exista confusión con los delitos en materia de secuestro, habida cuenta que ambos tutelan la liberta de las personas y, en la práctica son muy sutiles las diferencias para determinar la ley aplicable.

 

Ley de trata

Respecto de esta ley, ha habido iniciativas que pretenden pulir y corregir cuestiones puntuales. Asimismo, hacer una corrección técnica para que no se aplique de manera subsidiaria o supletoria las leyes locales en tratándose del delito de lenocinio.

Raúl F. Cárdenas Rioseco (10 de septiembre de 2018). Obituario.

“Toca la melodía del no ser.

Nueve cumbres se derrumban,

ocho océanos se secan.”

Zosan Junku

 

No resulta cosa fácil rememorar y despedir a los grandes litigantes. Tuve ocasión de entrevistarlo para un proyecto editorial y con ese pretexto recorrer junto a él su legado jurídico. Había ganado apenas un año antes el Premio Nacional de Jurisprudencia y, junto con su ingreso a la Academia Mexicana de Ciencias Penales, consideraba que su trayectoria profesional estaba completa. Así también me encomendó recoger algunas estafetas que había dejado en el camino: defensas e ideas sobre temas que absorbieron mucho de su tiempo y que le costaron noches enteras de insomnio. Alguno de sus clientes recuerda que, en una de esas ocasiones, el enorme litigante le llamó para señalarle cuál sería la ruta de su defensa.

Apasionado como era de su profesión, lo fue de su familia y de sus amigos. Hoy, los que lo conocimos ya lo echamos de menos. La fotografía de un atardecer en Alaska, que compartió de su último viaje, fue la metáfora de quien mira en el horizonte una vida plena, con sus metas cumplidas y así, con esa visión lo recordamos.

 

         Algunas notas sobre su vida.

 

Raúl Fernando Cárdenas Rioseco obtuvo el título de Abogado el 17 de marzo de 1966[1]en la Escuela Libre de Derecho, defendiendo la Tesis El Delito de Quiebra; ella y su examen profesional merecieron el mayor reconocimiento que un jurado otorga en esa escuela. Realizó estudios de Doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1967 y 1968.

Fue autor de varias obras: Enriquecimiento Ilícito. Inconstitucionalidad del artículo 224 del Código Penal Federal. (Problemática que plantea la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos en la aplicación de este ilícito); El Delito de Enriquecimiento Ilícito ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación. (Una Postura Inquietante); La Presunción de Inocencia; El Derecho de Defensa en Materia Penal (Su reconocimiento Constitucional, Internacional y Procesal); La Prisión Preventiva en México (condena por adelantado o medida de seguridad encubierta); El Principio Non Bis In Ídem (Nadie puede ser juzgado, castigado o perseguido dos veces por el mismo hecho); La Garantía de Correlación de la Sentencia con la Acusación y la Defensa; El Derecho a un Proceso Justo sin Dilaciones Indebidas; Fraude Procesal; El Principio de Legalidad Penal; Sistema Acusatorio y Prueba Ilícita (En la Reforma Constitucional de 2008), entre otros.

Presidió la Comisión de Derecho Penal en la Barra Mexicana Colegio de Abogados A.C., fue miembro de número de la Academia Mexicana de Ciencias Penales y, como lo señalamos líneas arriba, fue recipiendario del Premio Nacional de Jurisprudencia 2016.

En su momento pude preguntarle por su padre, de quien había heredado la vocación por el derecho penal y cuyo cuadro estaba detrás de su sillón de trabajo, como ángel tutelar.Cárdenas Rioseco me contó:

Yo creo en mi vocación sobre el Derecho, más que al Derecho penal al que le he dedicado la mayor parte de mi tiempo, deriva desde luego, porque en la casa de lo único que se oía hablar era de temas penales.

Mi padre fue un abogado muy exitoso, litigante, y se atendían en su despacho los asuntos de actualidad de aquella época. Constantemente salía en los medios, en periódicos. Había una columna muy socorrida en aquella época del periódico “Excélsiorque se llamaba “Tras las rejas”, en donde constantemente hacían referencias al trabajo de mi padre. Y entonces me interesó la cuestión del Derecho desde muy joven. Estudié en la Escuela Libre de Derecho, pero de las diferentes materias que cursé, me incliné más por el Derecho privado, al grado de que, cuando terminé en la Libre de Derecho, me fui a la División de Estudios Superiores de la UNAM para cursar el doctorado, pero yo no me inscribí en Derecho penal, me inscribí en lo que se llamaba Derecho privado.

Dentro del despacho Cárdenas-Gómez Mont, empecé a llevar los asuntos de carácter civil, porque en la práctica, algunos clientes, cuando llegan a plantear un asunto, creen que su asunto es penal, pero no todos los asuntos son penales; entonces, en vez de competir con todos los abogados del despacho, toda la parte civil me la encomendaban a mí.

Y, sin embargo, siempre llevé algunos asuntos penales, pero —digamos— menos de los que tenía en mi cartera de asuntos civiles. [2]

Pero la rueda del tiempo y la genética vencieron su inclinación por el derecho privado y lo convirtieron, por méritos propios, en un litigante penal nato.

A la experiencia de realizar defensas de casos históricos vino la creación de una obra esencial para quienes se adentran al mundo del litigio y lo que encierra la realización de estrategias exitosas con un bagaje bibliográfico necesario.

Sus defensas fueron las que íntimamente abrieron sus líneas de investigación, de las cuales, el delito de enriquecimiento ilícito le atraía una y otra vez, por la forma en que estaba diseñado el tipo penal. Su última batalla sobre el particular debe estar en el proyecto de algún tribunal, como el Cid.

Pero llegó el momento en que su corazón decidió que ya era tiempo de retirarse. Dos meses atrás salió de viaje. Buscó las auroras boreales y comenzó la lenta despedida de este mundo. Atrás quedaron los tribunales y sus montañas de papel, como sus triunfos, como sus logros ganados en el foro y la academia y, a su alrededor quedaron los suyos, a quienes hoy abrazamos fraternalmente.

 

[1]Su padre, Don Raúl F. Cárdenas, obtuvo su respectivo título de abogado el 17 de marzo de 1933.

[2]Tomado del libro Los litigantes, 2ª ed., Porrúa, México, 2018.

Manual sobre delitos en particular de Roberto Ochoa Romero

De manera poco usual, pero necesaria, el Fondo de Cultura Económica publica un libro sobre delitos en particular. Su autor, Roberto Ochoa, parte del estudio de aquellos delitos del orden federal que, muchas veces quedan en un segundo plano después de abordar los temas relativos a los bienes valiosos como son la vida, el patrimonio y los relativos al normas desarrollo psicosexual.

Así que este libro aborda tanto los delitos más frecuentes  así como algunos contenidos en leyes generales que de un tiempo a esta parte han sido recipiendarios de dos corrientes: los temas que han sido producto de las luchas de organizaciones de la sociedad civil y que no siempre gozan de una claridad o precisión en las legislaciones alcanzadas así como la incorporación de temas que tanto interesan a la academia.

En diez capítulos el autor establece una lista de los tipos penales contenidos en el Código Penal Federal así como en las leyes generales contra la trata y contra el secuestro. Comienza por aquellos delitos casi inamovibles como la traición a la patria (así, con minúsculas), Espionaje, Sedición, Motín, Rebelión que con cierta dificultad encontramos en legislaciones homólogas de otras latitudes (por ejemplo, la sedición ya no está en el catálogo punitivo belga, lo que trajo un problema para la euro orden de detención vs Puigdemont).

Al tocar lo relativo a los distintos tipos penales cometidos por servidores públicos, destaca el punto fino del autor al reflexionar que la negativa de la libertad caucional es una referencia al sistema de justicia penal que fue modificado en 2008 y que dicha figura desaparecida del texto del artículo 20 constitucional que sustituida en la práctica por las medidas cautelares y por lo tanto el tipo penal debería estar orientado en este sentido para mantenerse vigente.

Resulta de especial interés las reflexiones del autor por cuanto hace a las penas establecidas en la Ley General para Prevenir y Combatir los delitos en Materia de Secuestro, así como los apuntamientos certeros relativos a los delitos de resultado cortado; a lo evidente del estado de gravidez de la víctima de secuestro; a la aparición del versar y; por supuesto, al juicio de reproche proporcional al delito cometido en la escala de los bienes jurídicamente valorados.

Este libro viene a complementar las viejas lecturas que hacíamos de los grandes libros realizados en su momento por Mariano Jiménez Huerta, Celestino Porte Petit, Francisco Pavón Vasconcelos y, más recientemente por Sara Pérez Kasparian, de modo tal que es un libro esencial para quienes ejercen día a día el Derecho Penal.

 

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